sábado, enero 14, 2006

Vivir en Madrid

Hoy he tenido que atravesar Madrid.

Después de mucho darle vueltas he descartado la M30 y me he decidido por los semáforos del centro. He acertado: en todo el trayecto ¡solo me he encontrado con dos obras!

Ha sido todo un record. Algo notable. He estado a punto de bajarme del coche y besar el suelo al llegar.

Y además ¡había carriles que solo estaban delimitados por dos líneas! ¡Y el asfalto estaba entero! Había bastante tráfico (a pesar de ser un sábado a las 7 de la tarde), pero los coches iban cada uno por su carril, y no me ha hecho falta consultar una bola de cristal para averiguar qué zonas iban a estar cortadas o donde se iba a acabar la carretera.

Ésto, claro, sin contar la obra del final de la NV. Pero es que esa obra ya es casi de la familia. Si hasta nos tuteamos y le llevo pastas cuando paso por allí.

Además es una obra muy interesante. Se empeña en modificar los carriles cada vez que paso a verla (cosa que es bastante a menudo). Nunca sabes por donde van a estar hoy. Ni cuales son las rayas que los delimitan, si las amarillas discontinuas, las continuas o las blancas... hasta 4 pares de líneas distintas en algunas ocasiones.

A veces es mas fácil que otras discriminar uno de los pares. Una de las formas mas sencillas es cuando vas siguiendo las amarillas continuas y de repente siguen contra la mediana móvil (esos bloques de cemento que cada día están en un sitio distinto). Es una de las formas mas divertidas también. Sobre todo de noche cuando llueve.

Hoy sin embargo, volviendo, había escasez. En el espacio para tres carriles, solo había una raya. Blanca, discontinua, exactamente a la distancia de medio carril desde la mediana. El resto de los dos carriles y medio dejaba que los repartieramos con generosidad. Y un poco de imaginación.